miércoles, diciembre 24, 2014

Christmas Blues 0014

El portal está hecho un desastre, Pepe, ¿por qué siempre me haces lo mismo? Te pasas el día en el curro, haciendo cosas preciosas para todo el mundo y mira... Ni una cama en condiciones tiene Suso, ni una mesa para estudiar (si se le pasa ya el Rama-Rama, que desde que estuvimos en el Tíbet está super pelma...), ni siquiera tengo una tabla decente para planchar o para cortar carne.... Ya se sabe, en casa del carpintero...

En aquel Tiempo, María estaba un poco hasta las ligas de José, cuya bonhomía se confundía a veces con lo que solemos llamar ser un huevazos. El Pepe era un buen tipo, pero la gente, ya en aquellos días, era tan injusta como hoy y premiaba a los de siempre: los aprovechados, los caraduras y a los mentirosillos y la buena gente como Pepe, el carpintero,la gente que no tenía ambiciones,digamos profesionales o sociales, eran despreciados y llamados sosos, pichafloja o, como injustamente hemos dicho más arriba, huevazos.

El Suso, a quien muchos llaman hoy, haciéndose los listillos, Jesucristo, entonces con 13 años, para 14, estaba atravesando una ingrata primera adolescencia: desgarbado,granulosillo, pies y manos enormes (y muy olorosos, los pinreles), huesudo y un poco carnefófico, era además bastante trascendental, verbi gratia, palizas. Todos sabemos lo plasta que puede ser un adolescente y el Suso, incluso si nos creemos aquello de Dios hecho carne y todo eso, resultaba muy creíble como adolescente. Además, los viajes a la India y al Tíbet y todo eso, le habían afectado como a George Harrison: nocivamente. Tocaba el sitar todo el rato y ponía discos de Ravi Shankar y sus preocupaciones eran sumamente contradictorias: ahora pienso en el ser eterno, ahora en los impuestos excesivos sobre la clase media... y así.

El 23 de diciembre del año 14, la Mari está que no aguanta más. Pepe le ha dicho que tiene que currar al día siguiente, porque unos clientes romanos le han encargado un chambaíllo para carros, y que no acabará pronto; El Suso ha quedado con sus amigos para correr unas vacas y la Mari se ve otra vez sla en Nochebuena, que es la noche en la que los antiguos celebraban la Luna de Invierno, una fiestecilla pagana con menos interés que el golf televisado. Pero vamos, era una excusa para que las familias se reunieran y se quisieran y tal, y la Mari se veía, un año más, condenada en la cocina y sola todo el día hasta que los dos huevazos que con ella estaban se presentaran, a mesa puesta, para llenarse la panza.

Y fue así que a pesar de que tanto a Pepe como al Suso les pitaron los oídos a modo, ambos tuvieron
tiempo de completar su particular Christmas Blues. Pepe se presentó en el portal no con un chambaíllo para los "marditos romanoh", sino con un precioso cenador para adosar al portal y un precioso comedor estilo rústico (entonces no se llamaba así, era un comerdor "futurista") en el que cenaron esa y las navidades subsiguientes. Subsiguiente, lo sé es una palabra asquerosa, como inclusive, pero tenía gganas de colocarla.
Por su parte, el Suso, se presentó, como dice el villancico, todo vestidito de (cuero) negro, y acompañado de su banda de blues, los SFH (Santaclauses From Hell), le hicieron, después de la cena, un concierto a su madre a la que ésta pudo invitar a todas sus jóvenes amigas y presumir así de hijo. Y la Mari fue una mamá feliz.

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Y desde entonces, 2.000 años ya, en Navidad se canta blues. Y yo, que estoy a`prendiendo a catar blues, os felicito a todo los que tengáis la velentía de venir a este solitario y olvidado paraje literario, os felicito, digo, la Navidad, y os animo a intentar hacer de 2015 un año mejor y más lleno de música y letras.
Escribid más, leed más, escuchad más música y cantad y bailad más y ya veréis que las cosas salen mucho mejor.

¡Feliz Navidad y un 2015 lleno de riffs!




domingo, diciembre 21, 2014

Mezquino aluvión


Una tras otra, te bebes mis palabras sin saborearlas como debieras, y tú me imaginas cuando ya no estés aquí para ignorarme. Y eres imaginativa, sí, mas no una artista, ni siquiera la buena persona que crees ser, así  que ves lo que ven los demás, los que no están idiotizados por lo que fui y ya no soy.
Y así, en aluvión, tú mentalmente, verbalizando yo de inmediato, la mezquina retahíla, la letanía miserable de  nuestras muchas faltas, del hueco que dejé, del mal que me hiciste, la salmodia imposible.

Me dices que me viste hermoso, y que, mirado desapasionadamente, resulto vulgar. Y olvidaste mirarte al espejo esta mañana.

Me acusas, insincera, de pensar siempre en lo mismo, de desearte demasiado, de quererte lúbricamente, no como tú, que sólo piensas en ti, que sólo te deseas a ti, que sólo te quieres a ti.
Para ti he muerto desde que las demás monjitas casi descubren tu juego. Terminaron los juegos con el confesor, ya no compartes conmigo tus travesuras y pecados. Ya no rezaremos juntos la oración masturbatoria del ying y el yang, no más charlas, no más amor.

Puedes ignorarme, pero yo no olvido. Ni tus desplantes ni tus provocaciones. Ni el olor amargo de tu aliento etílico, ni el dulce sabor de tu sexo. Ni tus pasos al borde del mar, ni tus andanzas por la cuerda floja, llenándome de argumentos, nutriéndome de historias, reviviendo una y otra vez tus pasos sobre la gran vena, hirviente y excitada; no puedo olvidar tus crueles juegos de amor, que empiezan y terminan a tu solo capricho.


Todo, todo el mal de este cochino mundo se borraría de un plumazo si tú dejaras de ignorarme y me sonrieras con tus labios tan soñados entreabiertos. Te pido, pues, alondra loca, sirena desnuda, gata caprichosa y sensual que te arrodilles, por favor, arrodíllate ante mí. Que llenes tu boca de los ansiosos impulsos que daré al mundo en tu nombre y en tu homenaje. Y que al recibir lo que te has ganado, lo que sólo tú eres capaz de sacar de mí, pongas ese gesto sorprendido que me quita el sueño y que lo asumas con tu experta madurez.

Crece. Y hazme crecer. Tómalo.

sábado, diciembre 06, 2014

Vamos, es tarde

Es tarde, muy tarde ya, y nada tiene sentido-
Tú eres de otro mundo, yo soy de otro mundo y este mundo nos acoge, eternamente eventuales, porque no tiene más remedio.
Hoy te he visto recolectando iconos, riendo, a veces sin pretexto y sólo puedo decir que te adoro y me das repelús alternativamente. Paseas mirando al suelo, incesante en tu brillo y en tu exhalante sexualidad, que te desborda y se te derrama sin que seas consciente del efecto de tus pasos sobre mi herido corazón.
Tampoco te importa, Me ignoras con olímpico empeño, con galardonada altivez, con sencillez mariana, y cada día, cada gesto, cada palabra, por sí mismos y por no ser para mí, son heridas en mi hombría, muescas en tus divinas tetas, testigos de mi elegante decadencia.
Escribiría un blues si sospechara que el blues te conmueve. Subiría al tejado si alguien me dijera que las hazañas inútiles te ponen sencillita. Me acostaría con la reina si
1. Ella, a pesar de su delgadez,  me lo pidiera de forma anhelante y sensual (y el rey no se enterara, temo sus bíceps)  y
2. si los celos sirvieran para acercarte a mí... o al menos para que te dieras cuenta de que existo.
El sueño imposible de tu amor me ha hecho ser un hombre más idiota.
Querría hacerte el amor, pero hoy por hoy me conformaría con besar tu dulce y sinusítica  naricita
El amor es una moneda extraña, porque no tiene el mismo valor para el que compra y el que vende, porque no está respaldada por el patrón honestidad, porque va de mano y nunca se desgasta-
El amor es un falso sentimiento, porque más profundo parece cuanto mayor es su inexistencia, su no realización.
El amor es lo que nos separa.
Disimula, porque el amor presume de puro, pero es un truhán pendenciero que te hará parecer princesa o ramera,según le caigas.
El amor me tiene harto.

miércoles, diciembre 03, 2014

Gente sencilla... ¡ya!

That's me!
La señora, ajena al poder de sus insignificantes palabras, resulta ser hermana de una compañera de trabajo.
Su franqueza, un tanto vulgar, otro tanto inocente, me ha puesto en mi sitio esta mañana.
- ¿Cómosellamusté?
- Jorge
- Eso, Jorge... Yo se le viadecí, porque le digo, sí, uno majete... Y ella ná ni ná, le digo, uno así gordito con el pelun poco blanco... Pero Jorge, se le viadecí, se le viadecí con el nombre...
Joder... "uno así gordito con el pelun poco blanco..."
Hija de puta.

sábado, noviembre 15, 2014

Extraña fruta

Sally mira arriba con ojos asombrosos, testa penduleante, el alma que no entiende, la luz que se ha apagado. Su cabeza trata de ordenar los acontecimientos, pero las sensaciones son tan fuertes que no es capaz discriminar los hechos.
El horror, que huele a fruta podrida, reverbera en su memoria como el estribillo de la canción que Tommy, con humor subsahariano, con tétrica razón (ahora lo veía), le cantaba:
She knew from the start,
deep down in her heart,
she and Tommy were worlds apart...
Y cuán distintos. Qué lejanos los juegos, las bromas, los besos que saben a culpa traviesa. Qué extraño el afrutado aroma de la fatalidad.
-.-
Sally sale con Tommy, su galgo favorito, a buscar pedos de lobo. Para su familia, para todos en el pueblo, Sally tiene un amigo imaginario y una desbocada fantasía y sonríen cuando Sally les cuenta sus charlas con Tommy.
Porque claro, Sally no le dice a nadie que Tommy, su amigo de correrías por el monte, su compañero de charla, su confidente cantor, es un perro. Sally sabe que la llamarían loca. Como mínimo.

En realidad, Sally no ve nada extraño en Tommy: es su amigo y basta. Ni siquiera ve nada canino en él. Es su amigo y basta. Por eso no le dice a nadie que es un perro, porque para ella... es su amigo y basta.

Sally, de hecho, oye a Tommy contestar su incesante verborrea. Sally, sin duda oye los estribillos de las canciones que Tommy le canta. Sally realmente escucha a Tommy contarle sus agotadoras jornadas de caza con, entre otros, su padre.

Todos piensan que Sally es fantasiosa y alegre. Una chica sin problemas que, como muchas otras niñas, tiene un amigo imaginario que completa su red social.

Pero Sally no es fantasiosa.Sally no es una chica feliz.

Cuando ayer volvió del cole y entró en casa a merendar y vio a la cuadrilla de su padre, pensó que esa tarde se quedaba sin buscar pedos de lobo, porque Tommy se iba a cazar. Cogió el bocadillo y salió corriendo por la puerta de atrás, pensando en que pedos de lobo no, pero talvez un par de carreritas le podía echar a Tommy, a ver si alguna vez le podía ganar.

Mira a Sally bocadillo en mano, buscando al perro, buscando a Tommy, buscando al amigo. Mira su pantaloncito de chándal de felpa, barato, recio, honrado, clareando en las rodillas, deshilachándose en los bajos, pisado por los talones.Mira su melenita castaña sin nada de particular, con toda la belleza de los años venideros. Sally corriendo por el campo, Sally queriendo escapar de la soledad.

-.-

Tic-tac, tic-tac... Sally de pie, vista de espaldas las piernas entreabiertas, tiesa como una estatua.
Tic-tac, tic-tac.. su cabecita se mueve al son de la extraña fruta que cuelga del manzano.
Tic-tac, tic-tac... y el galgo, demasiado viejo para cazar, cuelga del árbol como un mal presagio



Sally, al ver a su amigo ahorcado, se da cuenta -por vez primera- de que Tommy era un perro. Un galgo. Y llora sin consuelo. Llora sin medida. Llora sin amigo. Llora sin nada dentro de ella.

Sabía desde el principio,
desde lo más profundo de su ser,
que el suyo y el de Tommy eran mundos diferentes




martes, octubre 28, 2014

Sólo 10 errores

A todas luces, me equivoqué.
A la luz de los hechos, vistas las consecuencias que éstos tuvieron en nuestras vidas, sé que me equivoqué, que hice lo indebido en todos y cada uno de los -desdichados- pasos que di ese fatídico jueves.

No debí apretar el gatillo, aunque debo decir que lo hice pensando que sólo te estaba asustando, pensaba que tu revólver nunca estaría cargado. Que no se montaría este follón. Había otras opciones.

Sabía que en tu oficina, por razones de seguridad, y porque tu jefe es un maldito mafioso, guardabas un revólver y tú me habías dicho, ahora sé que que para que yo durmiese tranquilo, que lo tenías descargado, porque te daban miedo las armas. De modo que una vez en tu despacho, mientras tú llegabas, abrí el cajón y saqué el revólver. Te iba a dar un buen susto.

Eso era lo que pensaba hacer cuando, tres minutos antes, llegué corriendo al edificio donde trabajabas, no esperé el ascensor y subí corriendo al tercer piso y entré, como una manada de ñus emigrando, en tu despacho. Si en lugar de ir corriendo a las escaleras, hubiera ido al vestíbulo, habría coincidido contigo y habría oído y compartido tus quejas sobre lo mal que funcionan los ascensores en el edificio.

Pero cuando estás ofuscado no piensas con claridad y yo, entiéndelo, estaba ofuscado pensando en qué narices pasaba contigo y con mi amigo Óptimus, a qué venía tanto mensajito y tanto misterio entre vosotros. Quizá una llamada habría sido suficiente pero, craso error, esa mañana fatídica, me había llevado yo tu móvil.

Y es que nunca, aunque estuvieses dormida, debí coger tu teléfono para mirar el calendario, para consultar en tu calendario (porque tú eres más organizada que yo) qué días tendría yo libres; porque en cuanto tuve tu móvil en mis manos, te entró un whatsapp de Optimus que, literalmente, decía:
"as hablado ya con wolfo???? xq estoy cansado ya de esperar. habla conel y vamos acelebrarlo (9 copas de champán)"

Y al leerlo, empecé a encadenar errores. Me eché tu móvil al bolsillo (error nº1) y salí a la calle antes de hablar contigo (error nº 2). Fui a casa de Óptimus (error nº 3), pero fui sin un plan preconcebido (errornº4): no sabía qué es exactamente lo que iba a hacer o decirle. Cuando llegué a su casa, le pillé yéndose a currar y claramente se veía que me estaba evitando y no quiso detenerse a hablar conmigo. Yo interpreté de nuevo que estábais liados (error nº5) y cabreado como una mona, me fui a tu trabajo.

Como he dicho antes, fui a tu edificio y me precipité a las escaleras (error nº6) para no desesperarme esperando el ascensor. No estabas en tu despacho e ignoré a tu compañera cuando me dijo que no entrara en tu despacho (error nº7). Como estaba ofuscado, busqué en tus cajones más pruebas de tu lío con Óptimus (error nº8) para echártelas a la cara en la que, yo imaginaba que sería una drámatica y teatral ruptura. al abrir uno de los cajones encontré el revólver y pensé que sería muy dramático (error nº9) darte un susto con él.

Llegaste a tu despacho y me encontraste tras tu mesa, apuntándote con el revólver.

¿Se puede saber qué estás haciendo, subnormal?
¿Qué tienes con Óptimus?
Vaya... ¿te has enterado...?
O sea, ¿que estáis liados?
No idiota, mira debajo de donde has encontrado el revólver.

Miré, pues.
Papeles, cartas, cosas interesantes.
Resulta que Óptimus iba a abrir un pequeño restaurante. Mi chica con los clientes y yo en la cocina. Mi sueño. Esa era la sorpresa.

Vaya, soy idiota...
Eres muy idiota.



No debía haberlo hecho, pero de la vergüenza que me estaba dando, bromeé con el gesto de pegarme un tiro, como diciendo, tierra trágame, pero (error nº 10) resulta que si haces ese gesto con un revólver que piensas que está descargado, pero no lo está, vaya, la has fastidiado.

Apreté el gatillo, pretendiendo sólo asustarte.
Y ahora, sangrante piltrafa, voy a morir.
A todas luces, me equivoqué. Mierda...






viernes, octubre 24, 2014

Se va, se va, se va.



Sin mediar palabra, ni miradas, ni risas, sin darme tiempo de desplegar mis encantos. Se va sin más, se ha pirado sin menos.
He visto sus manos, sus labios, sus gafas de incógnito y claro, no me pasaron desapercibidos sus muslos, de tipo muslamen,  breve columnata que promete un culo bien sostenido, como un Do bien rasgueado, a pesar de su contundencia.
Me hubiera gustado hablar con ella, el inevitable selfie, arrimarme de cualquier modo (torpe, incluso), pero ella va de otro palo, en plan no caer en mis brazos, no sé si me explico.
Así que al irse, zas, le fotografío el mutis, porque me han dicho que  René Zellweger se ha operado.
No entiendo la polémica: la miro y la veo exactamente igual. No ha cambiado tanto. No ha cambiado nada, en realidad.
Nada importante.
Y se va.



miércoles, octubre 22, 2014

No llores más

Caminábamos juntos, sin saberlo, tú en tu vida y yo en la mía, por el parque que se extiende junto al río, allí por donde éste entra en la ciudad, insuflando vida, regando los suburbios con su agua verde y fría.
El mismo parque que eligen mamás en chándal, con su cochecito de bebé 4x4, viejos que hacen gimnasia sueca, jóvenes que se depilan... y gente como tú y yo.
Tú sí, que corres como una gacela, ligera  y como  a saltitos, pero yo sólo quiero un poco de paz, que me dejen tranquilo y no me juzguen, y que me dejen mirándote e imaginando cómo sería ser normal y atractivo a tus ojos, atreverme a hablarte e intentar hacerte reír.
¿Y si me atreviera? ¿Caminarías a mi lado señalando los lugares que pisaste muy de pequeña mientras me contabas viejas historias de tu joven historia?
Me contarías naderías de tus amigas, sin que ni tú ni yo sospecháramos que lo fueran, y quizá haríamos planes, separaríamos la ropa por colores y te atreverías a probar mis osados bizcochos.
Tendrías que aguantar, lo siento, mi insoportable manía de meterme con todo el que hable en público (periodistas, políticos, actores, cantantes, deportistas...) y mantener la boca cerrada en mis muchos fallos y renuncios.
Bésame cada noche y yo te sonreiré eternamente. Además, sin aumento de besos, te acariciaré los codos mientras duermes, miraré los dedos de tus piececitos traviesos y te despertaré con una humeante taza de chocolate y croissants calentitos en la cama por las mañanas.
No me importa la diferencia de edad. Sé que aprenderás a quererme, con el tiempo. Tengo paciencia y puedo esperar.
Lo que odiaría es que no comprendieras, a tus ocho añazos, que si te cojo y te llevo conmigo es por nuestra felicidad. Eres lo suficientemente mayor como para entenderlo, cielo, así que no lloriquees, por favor. Ya basta.

lunes, octubre 13, 2014

Un mal acto


Afuera, una voluntariosa urraca monta guardia con paso firme y marcial, ajena al drama de la vida y diríase que ajena incluso a sí misma.
Dentro, Rushmore y Flotats juntos y uno al lado del otro, de espaldas al que mira desde la puerta, inclinan la cabeza hacia el mismo lado, Rushmore con las manos cogidas a la espalda, las de Flotats en los bolsillos. Entro en la estancia discreto y cauteloso,  y al avanzar en secreto a su espalda, veo lo que R&F estaban mirando: un hombre grueso, de unos 50 años, yace de lado en el suelo, inmóvil, generando un creciente charco de sangre negra.
- ¡Está muerto! - grito yo, pero nadie me hace caso. En realidad no sé si lo está, pero no creo estar equivocado.
Flotats, sin sacarse las manos de los bolsillos, se acerca al bulto sangriento y con la puntita del pie, empuja el hombro del cadáver para dejarlo boca arriba
- ¿Tenías que matarle? - le pregunta a Rushmore, pero como si de verdad quisiera saberlo. Rushmore se suelta las manos tras la espalda las cruza sobre el pecho, y suelta la derecha para apoyar el mentón, en actitud pensativa.
- Hmm... -reflexiona-, ¿tenía...? No, yo creo que no tenía que hacerlo. Pero el tío se puso tan pesao... Es más, ni siquiera quería hacerlo, se me escapó.
- ¿Se te escapó el gatillo, fue un accidente... es eso? - dice Flotats, sin demasiadas esperanzas
- No, hombre -contesta Rush, como quien desmiente un disparate- se me escapó matarle, o sea, la intención, luego apreté el gatillo queriendo, totalmente a posta. Era un gordo pesao.
Yo, que no soy El Cid, precisamente, no me atrevo a hablar de nuevo, no sea que Rushmore me encuentre pesado -gordo ya soy, eso no es discutible - y me largue diez tiros, como a John Lennon... o como al pobre gordo sanguinolento que yacía en el suelo, que es donde suelen yacer los muertos que no palman en la cama.
- Eres un idiota, Rushie - dice F moviendo la cabeza a los lados- un idiota completo, conspicuo y contemporáneo, contemplativo y consecutivo.
Pero Rushmore no parece tenerle en cuenta la retahíla y sonríe abiertamente mientras Flotats se pone en movimiento y se dirige a la caja y la vacía con naturalidad.
Rushmore le quita la cartera al cadáver, le mira los bolsillos y hace una mueca de aprobación al comprobar que el muerto tiene en el bolsillo las llaves de un Citröen.
- Un Citröen, Flo
- Es el Picasso de ahí fuera -dice Flotats contando billetes de 20- cógelo, tiene maletero grande
Y yo, sin atreverme a decir esta boca es mía, empiezo  a fijarme en lo familiar que me resulta todo. Es mi gasolinera, pero la veo debajo de mí
Es mi cuerpo el que se desangra en es suelo, pero, como la urraca,  estoy ajeno a mí mismo.
Miro a Rushmore y Flotats y me arrepiento de haber intentado venderles la tarjeta. Ha sido un mal acto de venta, no lo vi venir. Hay gente a la que le molesta mucho la labor comercial que nos encomiendan.

martes, octubre 07, 2014

El hombre que fue su propio culo

 (A ver si hay suertecilla...)

Ha vuelto a suceder. Adiós a todas esas pequeñas cosas: paseos por las piedras, conversaciones flotantes sobre física cuántica; disertaciones eruditas y cariñosas sobre Las Meninas y otros cuadros; discusiones sobre la vida trascendente; aftersun sobre tus hombros cuando todos se han acostado y, de refilón, sobre tus pechos; juegos malabares con tus pies bajo la mesa, o con mis manos bajo una manta de invierno en el sofá. Todo eso ha terminado.

La asombrosa narración de la peripecia vital de Portticus Vack demuestra que las verdades inmutables de hoy, son las bromas pasadas de moda de mañana.
Portticus Vack... no puedo creer que no conozcas su historia, te dije y tú, tan bonita como siempre, tan enloquecedoramente sensual como siempre, te sentaste en la silla de mimbre, cruzaste las piernas y balanceaste el zapato en la puntita de tu pie derecho, me dijiste
- No la conozco, ¡cuéntamela!
Y así fue que supiste del auge y caída de Portticus Vack, el hombre que... mejor te lo cuento.

Tras el árbol que hay junto al puente, sólo unos pasos más allá de donde el camino se hace apenas un senderillo, allí fue donde Portticus, apenas un jovenzuelo recién abandanada la adolescencia, besó por primera vez un culo. Revelación. Revelación es la palabra.

El culo fue su norte desde ese momento mágico en que, tropezando, sus labios chocaron -accidentalmente- con el enorme y meritorio trasero de  Jenifer Ramona.
¿Meritorio? dijiste, meritorio, sí, te contesté yo,  porque a pesar de su tamaño y de la cantidad de filetes que podían cortarse de cada cacha, el culo de Jenifer Ramona se mostraba al mundo firme y elevado, orgullosamente enhiesto, un culo del tipo repisa, en el que podías apoyar, estando ella de pie, una copa y un cenicero en equilibrio nada inestable.

Nalguista, desde entonces, Porticcus fue, poco a poco inclinando su vida y sus intereses ("Pompa y circunstancia" era su pieza favorita) hacia el mundo del culo y todo lo veía como deben verse las cosas a través de un único, central maloliente y negro agujero. No es exactamente que se volviera pesimista pero si su filosofía y su visión del mundo pudieran resumirse en una sola frase, esta sería sin duda: vamos de culo.

Con treinta años era ya un cachetólogo refinado, un rectófilo convencido, pero a esa edad ya era evidente que, si no mediaba intercambio monetario, Portticus no se comía un colín... un culín. Su ansia anal estropeaba cualquier plan, arruinaba citas con la misma eficacia con la que una ventosidad arruina un recital de poesía, y las mujeres no entendían que un hombre de aspecto tan normal (anodino, incluso), encontrara placer, por ejemplo, en conversar con ellas no frente a frente, sino frente-a-culo, o que sus regalos fueran, invariablemente, bragas.

Las mujeres le eludían y la naturaleza no le dotó de homogusto, por lo que no encontraba semejante dispuesto a calmar sus culansias, ni un buen par de glúteos en los que descansar su cabeza atribulada. Siendo tan así que sólo encontraba consuelo en sí mismo, y ensimismado, empezó a dedicar quizá demasiado tiempo a su trasero. El suyo.

Aprendió a girarse y a mirarse, acariciarse y ocuparse de su caldero, al que no desatendía jamás. Se hidrataba a diario las posaderas, y se depiló ambos mofletes con láser en cuanto la tecnología lo permitió. Le daba pena sentarse sobre sus posaderas, por lo que se operó y se hizo un autotransplante de nalgas a la barriga donde, además, podía tocárselas a la vez que las miraba.

La función hace el órgano, dicen algunos, y en el caso de Portticus Vack, el dicho fue verdad. Porque de tanto dedicar a su vida al culo, ésta acabó por convertirse en una cagada plena y todo su cuerpo, poco a poco, fue asumido por la voraz expansión de su culo. Su cuerpo era todo nalgas y su cerebro, un gris e inútil ojete cuyos pensamientos eran simples pedos, ideas apestosas que en unos segundos se diluían en el agradecido olvido.

Convertido en culo, Portticus Vack fue olvidado al cumplir los 50. ¿A quién le gusta, no... a quién le importa el culo de un hombre de 50 años? ¿Hay algo más triste?

Portticus Vack murió de una patada en él mismo. Resbaló cuesta abajo y sin freno y se peló y apretó tantas veces que al fin... la cagó.

Esta es la historia de Porticcus Finch, Selena, te dije, con la esperanza de acostarme contigo, pero tú me miraste y me dijiste:

- Vaya... una auténtica historia de mierda

(Y no me acosté con ella)











viernes, octubre 03, 2014

Ella dijo: ¡Gracias!


La veo en blanco y negro, una foto elegante en la que enseña una mano, como los escritores, y sonríe como sólo ella sabe sonreír. Desde luego, sabe sonreír, ya lo creo.
Me meto en su muro de Facebook y cotilleo sus cosas y sus fotos y veo que tiene el buen gusto de no hacer ni caso a estas cosas, lo cual me gusta, porque revela inteligencia, y me fastidia, porque no hay nada que cotillear.
Me llama mala persona. Bueno, ni siquiera eso, porque en el último año, ha tenido el buen criterio de no dirigirme la palabra. Pero lo piensa. O, al menos, lo ha pensado, eso seguro. Y todo porque casi rompo su matrimonio, la relación con sus hijos, hice que se cabreara con sus hermanos, destrocé el corazón de su mejor amiga, provoqué que la investigara la policía y que Hacienda le amargara el verano a su maridito y cerrara su empresa. Y por eso ella piensa (aunque no lo diga, yo lo sé) que soy una mala persona.



La conocí en una página de contactos. Su nick era Selena65 y en la foto de su perfil podías ver sus orejitas preciosas. Y ella dijo: "conóceme".
Fui, en mi labor de acoso y derribo del muro de su indiferencia, por este orden, osado, encantador, chisposo, impaciente, vulnerable, un poco vulgar y apasionado. Y ella dijo, "adelante".
Es verdad que decía que sólo buscaba conocer gente, amigos, y bla-bla, pero yo la acosé buscando una aventura. Y ella dijo, "vale".
Escribí como un idiota, en mi blog, a su correo, en su whatsapp... Abrí un blog sólo para ella, donde sólo ella podía entrar, donde sólo yo podía escribir . Y ella dijo: "sigue".
Y seguí. La llamaba y le susurraba frases tiernas y procaces, románticas barbaridades y vaguedades amorosas y singulares y ella me escuchaba, podéis creerme, totalmente abierta de orejas. Yo percibía su total disponibilidad, su húmeda disposición a la aventura, lo mucho que le divertían mis frases, lo mucho que parecía apetecerle que pasara del dicho al hecho. Y entonces, ella dijo: "¡Gracias!"
Le gustaba, como nos gusta a todos, traerme loco y desbocado, dando tumbos por la calle de la amargura, y se divertía, lo digo en serio, con mi desesperado enamoramiento.
-.-
Me las apañé, un día, de pronto, y sin que ella lo supiera, para contactar con su marido, que se dedicaba a la contabilidad, trabajando por su cuenta, y presentarme un día en su casa y reunirme con él.
Ella sólo conocía mi voz y mi nombre de pila, así que cuando su marido me presentó como Fulanito de Tal, y yo dije lo encantado que estaba de conocerla, casi se muere. Ella dijo: "¡Oh!"
En nuestras conversaciones, habíamos quedado, osadamente, en que la primera vez que nos viéramos ella me permitiría besar la orejita que aparece en su perfil y yo la avisé de que le tocaría el culo. Lo hice, a escondidas, pero delante de su marido.
-.-
Ella desapareció. Aunque le gustó, sé que le gustó que le tocara el culo junto a su marido, se enfadó de veras. Y me escribió esa misma noche diciéndome que no tenía derecho a hacerle lo que le estaba haciendo y que desde ese momento, me olvidara de ella.

No la olvidé.

De hecho, enloquecí. Me acosté con su mejor amiga, denuncié oscuros tejemanejes contables (totalmente inventados) de su marido. Me hice colega de sus hijos en Facebook y les malmetí contra su madre...

Y ella dijo: "Gracias", aunque creo que de manera irónica.

Eso fue hace un año. Desde entonces, la escribo de vez en cuando, coincido con ella y tal, pero ahora ella sabe que soy tan fanfarrón como inofensivo y, simplemente, me ignora.

Yo no sé si ella lo sabe, supongo que sí, pero su indiferencia es un puñal terrible clavado entre mis ojos. Cada saludo que me niega, cada mensaje que no contesta, agranda inmensamente el mar de mi pena y ahonda en su dolor abisal.

Por eso, ayer, que fue su cumple, después de un año desterrado del país en el que ella reina, el país de los sentimientos y la sensualidad, al felicitarla yo con un pomposo mensaje en su whatsapp, al exponerme una vez más a la bofetada de su desdén, el cielo se abrió de nuevo.

Porque ella dijo: "¡Gracias!"

Vivo otra vez.

 

lunes, agosto 11, 2014

Hay tardes

Hay tardes, como esta, en las que no sé muy bien a qué está jugando el mundo conmigo. No sé si me pone a prueba o me castiga con raciones intragables de vulgaridad, extensas y anchas como Castilla, aburridas y despobladas.
Hay tardes, como esta, en las que dudo hasta de mi misma existencia, tal es mi irrelevancia, y no es que me pregunte, como George Bailey, que cómo sería la vida de mi entorno de no existir la mía, no, porque sería exactamente igual para todo el mundo, salvo por la inexistencia de esa espadita de Damocles (nada afilada ni peligrosa) que pende sobre las cabezas de mis conocidos y que es la posibilidad de que aparezca yo con mis historias o, lo que es peor, yo pidiendo una ayuda imposible.
 Hay tardes, como esta, en las que me pregunto por el amor , al parecer, indubitado, que me rodea y que, ojo, también yo exhalo, y no sólo por su existencia o su origen, sino por la razón y la osamenta que lo sustenta. ¿Qué tengo yo, ay, que mi amistad procuras? ¿Cuáles son tus gracias, que tu atención necesito como el aire?
 Hay tardes, como esta, en las que me arrepiento de abandonar mis quehaceres escribidores, mi terapéutica cháchara escrita, estas benditas Peroratas en las que ni yo sé lo que escribo, ni tú sabes lo que lees. Escribo a borbotones, sin tema, ni asunto, ni objeto, de acuerdo, pero se me cura un poco el alma y a ti, a veces, te hago sonreír. No precisamente hoy, me temo.



Hay tardes, como esta en las que aunque estoy, fijate, trabajando, lazing on a Sunday afternoon... in summertime, estoy dándole vueltas al mismo molino. Cómo será este trabajo que puedo escribir sin dejar de hacerlo. Cómo será este trabajo que empiezo a preferir caerme en una piscina de mierda. Me lavo las manos veinte veces, pero el hedor del gas-oil es invencible. Elaboro astutas estadísticas sobre el color de los coches, la idiocia de los hombres o el tamaño de las tetas de las mujeres, pero el aburrimiento y la nadería son más poderosos que mis audaces y vacías, pero televisivas, invenciones para vencerlos.

Hay tardes, como esta en las que además... terminas por darte cuenta del asunto primordial: lo más duro de todo es lo que queda. El poso esencial: lo poco que importo. Lo poco que te importo. Lo poco que soy.
Esta canción, nueva, tiene que ver con eso.

lunes, julio 14, 2014

Manuel

Delgado, enjuto y filamentoso, tuerto de los dos ojos, cojo de una pierna y media, veo acercarse a Manuel desde ayer, y tarda uno o dos días completos en llegar desde que aparece en el extremo norte de la gasolinera hasta que finalmente entra por la puerta y dice:
- ¡Hola Jogggeee...! ¿qué tal la tadddeee?
y tarda otras tres horas desde la puerta hasta donde estoy yo, cinco metros más allá. Más acá.

Manuel personifica, en su errático pasar or este mundo, el sobado tópico "el tiempo se detiene": de su puro andar tan lento, cansa a los minutos y las horas, agotadas en su pulsera, seguramente tienen un relleno distinto en su cabeza. El tiempo de Manuel corre paralelo a su andar de pasitos zozobrantes; se escora a un lado y a otro y la resultante de estos dos vectores parkinsonianos es un tembloroso, pero terco, rastro de esperanzas.

Cerca de la estación donde trabajo hay varias residencias de mayores y Manuel vive en una de ellas. Conozco a Manuel desde hace un par de años, pero hace unos meses empezó una nueva rutina que me llamó la atención desde el pirmer momento. Esta rutina contiene tres visitas diarias a la gasolinera y ponerse, lteralmente, ciego, de Cocacola light



Manuel bebe cocacola light como si le fuese la vida en ello, así que, digo yo, que seguramente le irá la vida en ello. Viene a las 7 de la mañana, antes dedesayunar y compra una botella de dos litros y una bolsa, como si se avergonzara de que la gente aprecie su adicción, y se va a un rincón externo de la gasolinera, a fumarse un pitillo, escuchar la radio con sus auriculares (¡esto son bueno, Joggge, no son barato ni ná, secucha mu bié...!) y dejar que el sol, aún agradable, de las siete de la mañana, acaricie su piel. Una piel, me apuesto lo que quieras, muy poco acariciada.
Hacia las ocho menos cuarto, entra de nuevo en la tienda y pide al que esté allí que guarde en la nevera su Cocacola a medias y se vuelve a la residencia a desayunar. Al verle partir con sus pasitos contumaces y bailongos, uno piensa que va a llegar, no al desayuno, sino a la cena del día siguiente, pero su andar tiene esa cadencia cabezona y su ojo bueno (que, dicho sea de paso, no sé cuál de los dos es) tiene en su mirada bidireccional esa terca determinación de los elegidos. Así que puede que tarde, pero llegará a donde se dirija. A cuando se dirija.





Manuel vuelve por la tarde, que es cuando yo coincido más con él, hacia las cinco, y compra otra Cocacola light de dos litros. Y otra bolsa. Y pega la hebra un rato, conmigo y con los clientes que vengan, a los que saluda educadamente. Y de los que dice, invariablemente, cuando se han ido. Era majo/a este/a señor/a, Joggge, y añade, casi siempre, la gente e maja, Joggge, la gente e maja.


Sale, ahora a la sombra, y se toma sus dos litros vespertinos de Cocacola luces como quien ve crecer la hierba. Yo salgo a cada ratito y le saludo. Está a la sombra, sentado en el suelo, con los auriculares -que son buenos- metidos en sus orejillas, un pitillo en una mano y la otra en la sien, con el gesto de alguien a quien le duele la cabeza. Cuando me ve, se quita uno de los auriculares y me saluda jovial ¡hola, Joggggeeee...! como si llevara un mes sin verme. Un par de horas después, me pide las llaves del baño, sospecho que para asuntos importantes, y se pierde, al menos, media hora, antes de largarse.

Ayer por la tarde había una brisa fresca fabulosa. También había pocos clientes, así que yo estaba dando vueltas por la pista, como un oso enjaulado en una jaula invisible, disfrutando del airecillo serrano, cuando Manuel salió de su segunda visita del día, la sustanciosa, digamos, al baño. Siempre me pregunta por mis hijos y por mi mujer y aunque yo también correspondo, él esquiva el tema. Ayer no.

Por no sé muy bien qué razón, hablábamos de reivindicaciones laborales, y en un momento dado, él deslizó que había sido jefe de cocina en Paradores. Eso llamó mi atención, porque parece un curro super interesante, y le repregunté, claro, y me dijo que había sido jefe de cocina en los paradores de Chinchón y no sé cuántos más. Ante mi cara de incredulidad, me dijo
- Pero yo llevo sin trabajá desde los 39 año (debe tener unos 68/70)
- Anda, ¿y eso? ¿qué te pasó?
Y mientras me decía lo siguiente, llegó un cliente y tuve que entrar a la tienda de nuevo.
- Me dejó la mujé y me deprimí, me puse mu malo y hacía cosa rara - siguió hablando mientras se dio la vuelta, como decepcionado de que no le hiciera caso, con una expresión rara en el rostro-, me volví mu loco y hacía tontería y tomaba esto y lo otro, bueno, me voy
Y dijo esto como quien está acostumbrado a que le abandonen. Yo quería que la cliente que había venido se largara, porque quería que Manuel, que por una vez me abría su alma, me siguiera contado. Me importaba. Pero él sólo vio que mientras me contaba cosas significativas, yo me di la vuelta y entré en la tienda, dejándole solo. Otra vez.

Es posible que no vea más a Manuel en toda mi vida. por... cosas. Y ayer, por un momento, mientras me contaba que había sido jefe de cocina en el parador de Chinchón... no sé, el aire fresco de la tarde de verano, mi propia locura, todo me hacía pensar en Manuel, no como en el viejo cojo y tuerto, medio loco adicto a la cocacola, sino, simple y llanamente como en un amigo.

Mi amigo Manuel.






domingo, julio 06, 2014

The natural.

La mujer cuyos rizos perturban mis sueños, está cansada de sonreír. Está cansada de cansarse cuando el ánimo decae y la tele no ofrece nada que llevarse a los ojos. La mujer, que ya es mujer, ya no es chica, es carne de olvido de los jóvenes impetuosos y, sin embargo, cada vez yo la deseo más: no es que me dejen el campo libre, es que para algunas, muy pocas cosas, pero sí algunas cosas, yo soy mejor que los jóvenes, que todos los jóvenes y que todos los demás.
Soy mejor diciendo cosas al oído, escuchando y lamiendo con mis susurros tus piececitos. Soy mejor haciéndole el amor a  tus ojos, penetrando hasta el fondo en tus sueños abiertos haciéndote enloquecer de risa con mis tonterías, como en una lucha de titanes ambientada en un rasgueo sin fin de guitarra acústica bien tocada.
Soy mejor cocinándote cenitas al improvís, dándote masajes de macaco, despertándote para irnos a dormir, durmiéndome para dejarte descansar y soñando con hacerte el amor todas las veces que no te apetece, y todas las que no puedes también.
Soy mejor queriéndote en público, pero amándote en secreto, cantando canciones que no quisieras oír, pero que al oírlas, te gustan. Soy mejor adivinándote, aunque a veces te duela cuando lo digo en voz alta, en letra perorada.
No soy bueno fumando, ni llevando gabardina, ni subiéndome al paso de rueda de un taxi de los años 40 y diciéndole al conductor "¡siga a ese coche!". Pero soy bueno bailando mal y eso te gusta, porque vale, soy patoso, pero tengo pasos originales y es gracioso ver a un tipo como yo bailando con tanto empeño.
Cumplo años y tú... también, y más que yo, pero deberías saber que cada vez eres más hermosa y que mi amor crece exponencialmente según te vas haciendo más mujer y menos chica y que cada año deja huella, sí, pero es una huella que yo no quiero que borres, porque es una huella tan tuya como mía, y porque mi bello animal salvaje, sencillamente amo el suelo que pisas.
Arreglaremos los desarreglos, porque sé que sufres al verme sufrir. Arreglaremos los arreglos y la vida será entonces a reestrenar, seminueva, como un coche de dirección,  con garantía y con todos los extras, como vacaciones, momentos selectos para los dos, amor a deshoras y almuerzos en tu vientre y entre mis piernas.
Entonces, cuando me perdones todos mis yerros, cuando te perdone todos tus noes, como tú no has dejado de ser la mejor, seré el mejor hombre que puedas tener y seremos juntos, lo natural, lo que a los dos, juntos, corresponde ser. naturaleza viva, vida natural, vida.
Lo natural, mal traducido, bien interpretado.


(que me perdone mi amiga Clementine)

domingo, junio 29, 2014

Después de todo, ¿tú me ves?

Sea por lo que sea, hoy no me creo nada. Por eso, cuando el Capitán Tortuga me ha venido con el cuento del viento de mayo del sur, no he tenido más remedio que matarlo.
Vamos a ver. Se supone que cuando sopla el viento de mayo del sur, las mujeres adoptan un comportamiento más másculino (voraces, sexualmente disponibles, pendencieras, promiscuas) y los hombres no es que se mujericen, pero se achantan ante la desacostumbrada bravuconería femenina.
El Capitán Tortuga es de esos que se creen estas cosas a pies juntillas, como si fueran la biblia, y como si la biblia fuera un poco como los estados de whatsapp, que uno lo cambia cuando se acuerda y le da la gana.
No es el viento, es que las mujeres de este pueblo lo saben y, como antes en carnaval, cuando llegan esos días, cuando soplan esos vientos, ellas encuentran la excusa perfecta y toman la calle, engañan a sus parejas, follan lo que pueden y se sienten un poco liberadas. Una espcie de poliandria pasajera y estacional, divertida si no estás avisado, irritante si no estás avisado.
Conocí a Lorna Cor un mes de mayo, recién llegado aquí. Estaba casada con
el Capitán Tortuga y a mí él me parecía un triste y ella, un bombón. No entendía mucho cómo una mujer así aguantaba a un palizas como el CT, pero el sexo hizo que dejara de preguntarme chorradas. Yo era el profesor de tercero, recién llegado, a final de curso, para sustituir a Muyes Túpido, el titular de la plaza que murió ahogado en un disfraz de vaso de agua.
Estaba en la barbacoa que había organizado el director del instituto en su casa para que conociera a los profesores. CT era el profesor de Educación Física y Lorna era profesora de Física sin educación, aunque ella era extremadamente educada. Lorna Cor era la única doctora del cuerpo de profesores y tenía las tetas más bonitas de ese cuerpo y de todos los cuerpos que andurreaban por ahí.
Yo, ya me conoces, soy poco amigo de las fiestas, de modo que me fui perdiendo discretamente así que empezó a bajar la luz. No es que quisiera desaparecer del todo, pero me apetecía un ratito a solas, con mi móvil, para mirar el correo, ver si mi blog tenía comentarios, ver un poco de porno... en fin, lo de siempre, así que me fui separando del grupo, desmarcándome, creía yo, casi a escondidas, pero Lorna me siguió, me acorraló y me echó el polvo de mi vida porque fue así, señores, fue ella la que me o echó, y yo, que no soy tonto del todo, me dejé.

Ese fue el final de mis días, entendidos como tales porque, desde entonces, mis días son tus días, y los recuerdo, los rememoro y los tengo presentes en función de ti. Y, sea por lo que sea, hoy, como decía arriba, no me creo nada. Te has cambiado de ropa sin previo aviso y tus pantalones y tu camiseta con bordados, han dado paso a ese vestido tan fresquito, que dejaba tus preciosas piernas y milagrosos piececitos al albur del vientecillo un tanto traidor que se ha ido levantando. Y la pantalla que te libra del sol es la misma que me priva de tus ojos/misterio desvelado, y que me impide ver tu cara. No me creo tus gafas, no me creo su poder.

La cima de mi lascivia es un regate imposible. Sentado en el suelo, preguntándome por dónde has pasado, si yo tenía todo el espacio controlado, repito la palabra, la única palabra, que hoy me has dirigido: bien, y una sonrisa de compromiso. Menos mal que sé que el compromiso, ese tipo de compromiso social, a eso me refiero, ese no existe para ti.  Y luego, varias horas después, peleando con Morfeo, y perdiendo con claridad, he visto que los que no son capaces de soñar, escriben "iz", en lugar de "id", pero no sé qué puede significar.

Dios mío, Morfeo me vence.
Volveré.

Ya de vuelta, Mis manos huelen a mar. A trabajador del mar, no a playa, no a Caribe, no a bronceador. Huelen a pesca, a red mil veces remedada, a manos cansadas, a vista y ojos cansados, a piel cansada y ahora manchada, y me pregunto si tú, y si contigo esas partes de ti que un día me desearon, sois capaces de perdonar mi inevitable caída, mi precipitado e irremediable hundimiento en el tercer estado, en mi aspecto cada vez menos sofisticado, en mis ropas cada día más vulgares y en mi terco atrincheramiento en el silencio poco participativo, tozuda determinación por irme, por no ser, por no vibrar, acaso interiormente. ¿Tú lo ves? Lo pregunto totalmente en serio: ¿tú me ves? ¿Me ves?

Escucha esta canción, por favor, y dime si me ves. Si el que canta esta canción y yo somos la misma persona, porque yo empiezo a dudarlo.



Dime, ¿puedes verme?

miércoles, junio 25, 2014

Te busco, te busco, te busco... (poema prosaico, ferroviario, sostenible)

Te busco sin descanso desde hace tres trenes; te busco sin tregua ni esperanza, ya; te busco enfermo de pesquisa y de lascivia y te busco sin dejar de buscarte jamás. En los trenes no apareces y me pregunto, sin esperar contestación, de dónde saqué la estúpida idea de buscarte renferiosamente, copón. Si tú nunca has viajado en tren, si no eres expresa, ni ave, ni bala, ni ná, si tus cercanías son ahora inaccesibles, si tu desdén es de largo recorrido, además.

Pero siempre pensé al verte, ángel de son, que si un día, en ti montado, me asomaba al
exterior, sería peligrosa costumbre, serías tachá.-tachan, serías chu-cu-chú
Por eso te busco estacionada, te busco en vías de extinción, te busco en postes, apostada, y paro, para comer un poco de melón. Tiro la cáscara al campo en movimiento, me voy al furgón de cola a ver fugar, y en el punto de fuga, sonriendo y riéndote, se aleja tu carita -traviesa- del mar.

Tu amor es, en orden de marcha, un mercancías difícil de parar; el mío, sin otra tracción que mis huevos, una vagoneta de tracción manual. Aún así te persigo por las españas, sin descanso en mi avatar pasional,  de mi corazón a tus anhelos, desde Cáceres a Portugal. Me critican por vagoneta, por mi ansia exagerar, y yo solo digo a los listillos, que prueben, a ver si ellos corren más. Más lejos o más rápido, más amorosamente o quizá, más tecnológicamente avanzados, pero más sostenibles... ¡qué va!

Le doy a la palanca y mi sombrero, de ala ancha y sin engrasar, es un avispero de sudores, de mosquitos y de pesar. Así que te llamo a gritos, y tú no vas a contestar, no es que no quieras verme, es que -mierda- no estás.

Así te persigo, profesora, tachún-tachún, tachán-tachán, preguntándome si alguna historia parecida, te habrá ocurrido jamás. Soy lento, pero paciente, soy el que te va a levantar, si te dejas de tu asiento de tercera, y te voy a subir al mar. El mar será nuestra cumbre y cuando mi vagoneta llegue allá, sabrás cómo salvarme, para que no me ahogue en la sal.

Serás tú mi sirena, mi poema final, el verso inacabable, el pecado mortal.

No te vayas, Lorna Cor, deja de irte ya, que de tanto irte, preciosa, no vas a saber regresar. No te vayas ya más veces, descansa en vía muerta y sal, y sin raíles ni agujas, podría quererte... quizá.






Nada, nada...

martes, junio 10, 2014

La re-cepción; una entrada crepuscular

En el límite, en la frontera entre lo consciente y lo imaginado, me siento en mi esquina, hago acopio de vigilias y me preparo para recibirte, entera otra vez, y rogarte, por lo que más quieras, que vuelvas. Y que no vuelvas a irte.



De rodillas, el capote en el suelo y mi corazón expuesto. Así es como te estoy esperando. Sin engaños. Esperándote. No me mates. Sal y arróllame, con tu alma incomprendida, con tu espíritu inquieto, con tus miedos y tus risas.Te recibiré a porta gayola porque no quiero torearte ya más, quiero que me arrolles, que me atropelles, que tus ideas y tus ímpetus me lleven por delante a donde tú decidas, si es eso lo que tiene que suceder, pues durante estos meses, verte tan cerca y sentirte tan lejos ha sido devastador para mí.
Si tú quisieras, yo te pediría perdón, pero creo que no se trata de eso y sospecho que me decepcionaría que me pidieras eso. Estoy arrepentido, eso sí, y declaro que me equivoqué al calibrar mis fuerzas. No puedo seguir sin ti y no debí ubicarte en aquel pueblecito encantador, porque aunque entonces lo pensara, lo más importante eres tú, poder seguir a tu lado, tener en la vida la inquietud de verte, de poder ser parte de ti.

Me dice el ángel discreto que a veces se sienta en mi hombro y me susurra verdades al oído, que quizá te moleste que te compare con un toro bravo, pero sé que no, querida mía; que tú sabes ver la poesía del huracán, la belleza de la embestida, la dulzura que encierra la violenta acometida del amor incontrolado, del sexo sin ambages del beso sin condón.

Sé que sabré recibirte cuando, al fin, me acometas, y que, de nuevo pasearemos juntos, podrás hablarme, podré escucharte y quizá ahora quieras oírme tú también.

¿Cómo ignorar los signos? Necesito que vuelvas a mí, esperanza, y ya no me abandones. Necesito aspirar a algo más. Y ahora que has asomado tu linda cabecita y que has vuelto a hacerme soñar, no puedo permitir que vuelvas a irte o, para ser más exactos, que sigas yéndote.

Esto es una re-cepción. Y si no puedes, si no te ves capaz de aguantarlo, tómalo como una con-cepción. Concibamos juntos un nuevo estado del arte, un último grito en sentimientos, bagajes y almas... y dejémonos llevar.

Termina la noche, llega el día. Terminan las tinieblas y con ellas, tiene que acabar tu ausencia. Las cosas van mejorar, pero nunca serán buenas si tú sigues lejos.

¿Volverás?










domingo, junio 01, 2014

En el corredor de la (mala) suerte

Esperar.

Un día tras otro, un gesto tras otro, y ver que todo es tan inútil como sonreír, como tú y yo, como las sopas de letras. Y te acostumbras a esperar, dócilmente a que, por dios bendito, no suene el saxofón.

El tiempo en este pasillo es un gato escurridizo, tremenda fijeza, capaz de mirarte inmóvil durante horas, profunda y tranquilamente, como si para él no existiera ese dictador inapelable que es el tiempo; ah, pero ese gato es igualmente avezado como para ponerse en movimiento en un milisegundo y escapársete entre las piernas sin que te des cuenta de cómo lo hizo, y dejarte arrodillado como un idiota mirando en círculos.

Si has caído en este agujero negro, empiezas por perder el aplomo. Es lo primero que la nada chupa de ti. De repente no, pero en muy poco tiempo, créeme, bajas la cabeza, agachas el ánimo y te comes los mocos sin pensarlo demasiado. Recoges condones, limpias mierda, encajas los insultos con docilidad que creías desconocida, pierdes los dientes, aumentas el perímetro, se te cansan los ojos, el carácter se te agría, pierdes amigos, ganas equipaje miserable, te alejas del mundo, te acercas a la muerte, se te cae la risa y te crecen las penas más amargas aunque estás tan cansado, tan cansado que no puedes ni llorar.

Un día te das cuenta de que te van a comer. Aunque te hayas vuelto un tío asqueroso y nada apetecible, aunque seas lo más triste de la carta del restorán, aunque des asco a medio mundo y el otro medio, simplemente, te ignore, ellos van e intentan comerte. Por un momento, te sientes confundido. Llevas meses siendo un cero a la izquierda, un noleimportoanadie, el hombre más olvidado sobre la tierra y un día, sin saber cómo ocurrió, como el gato que se te escapa entre las piernas, eres el centro de todo.

Eres la causa del mal, eres el origen de las miserias, el tónto útil, el diablo con grasa. Llevas tanto tiempo siendo ignorado que el ser el centro de atención te ha pillado con el paso cambiado. Tu primera reacción es comerte el marrón. Ponerte a cuatro patas y dejar que las cosas sucedan, por dolorosas que sean. Al fin y al cabo, ¿quién eres tú? Zephir, cero, la nada. El hombre irrelevante, la nada despreciable. Pero entonces, si tienes la suerte que yo tengo, aparece tu ángel salvador, que en realidad siempre estuvo a tu lado, y decides darle la vuelta a las cosas.

Un cero dado la vuelta sigue siendo un cero, pero si te colocas al otro lado, si eres un cero a la derecha, tienes poder multiplicador. Te levantas, plantas cara, peleas y, mágicamente, las cosas cambian: ahora importas, de otro modo, ahora cuentas, ahora sí.

Durante un tiempo, crees que llevas la iniciativa. Que eres el que marca el terreno y las reglas, pero no es así. Simplemente te han dejado creer que importas. Pero en algún momento del camino, alguien te dio un codazo, sonriendo, o riendo abiertamente, e invitándote a ti a reír también, y sin darte cuenta, estás otra vez a expensas de lo que los otros digan.

No cuentas, eres el bobo que espera a que los demás digan a dónde tiene que ir. Estoy sentado en mi celda, viendo pasar el tiempo, viendo pasar la vida, esperando a que me digan de qué manera van a ejecutarme. Sin esperanza, pero no resignado, desesperanzadoramente harto, no dejaré que las hordas de la vulgaridad me vacíen el alma.

Esperar.
Cantar canciones que al mundo importan lo que una mierda.
No morirse.
No, por favor, no morir.








viernes, mayo 30, 2014

La vetusta Mrs. Morlock entra en escena

Yo estaba en el pasillo de los lácteos, chandalizado totalmente, cuando Mrs. Morlock entró en el Mercadona de mi pueblo, que es uno de los siete mejores Mercadonas de España. no es por nada. La Morlock, por vetusta que sea, a mí me gusta, aunque me ponga un poco nervioso esa forma de hablar tan afectada que tiene y que, francamente, no entiendo muy bien.

Mrs. Morlock es hermosa, aunque vetusta, y siempre va vestida con la ropa que los demás llevaremos un año después, su mirada tiene la mítica de los miopes olvidadizos y , ¿cómo decirlo? tiene muy buenas tetas. Conozco a Mrs. Morlock porque regenta, junto con Leopoldo Manco Clarinete, alias el Pollo sin Alas, un puticlú de carretera, de los buenos, de los que va la gente elegante, como Simeone, y lo regenta con mano de hierro, pies en polvorosa y buenas tetas, porque, aunque a todos nos sorprenda este dato, no se las quita para trabajar.

Quizá haya dado la impresión, por mi forma de decirlo, de que yo voy al puticlú, pero no voy, quería dejarlo claro. ¿Que si he visto ahí a Simeone? Bueno, sí, le he visto ahí con mis propios ojos, pero no porque yo vaya, sino porque él va, pero yo no. ¿Que cómo sé que regenta el clú con mano de hierro, pies... y todo lo demás? Bueno, eso es de esas cosas que se saben, sin necesidad de que tengas que ir a un puticlú a ver cómo Mrs. Morlock humilla a sus trabajadores con públicas reprimendas cuando, por ejemplo, pides un yintony con rodaja de salchichón, porque confundes el limón con el salchichón, a cualquiera puede pasarle, y no hace falta que se quede el camarero con cara de bobo, que yo en eso estoy de acuerdo con la estricta gobernanta, pero eso no quiere decir que yo haya ido al puticlú, porque esa anécdota me la contó Simeone, pero no en el puticlú, sino en otro sitio.

(debido a La Deriva que está tomando este asunto, os dejo un bideo de los vuenos pa desengrasar)





Quizá fuera el chándal.
Ítem más, quizá fuera mi chándal marca Kelme (genuino) del Real Madrid, totalmente demodé, totalmente horrible, intolerable desde cualquier punto de vista. Un chándal indigno, en serio, que ya parecía espantoso y pasado de moda 15 años atrás, cuando era, de hecho, actual. Quizá fuera mi chándal el que me convirtió en un ser invisible, pero Mrs. Morlock, vetusta, tetificada e indiscutiblemente moderna, pasó a mi lado sin verme, sin tenerme en cuenta, sin siquiera suspirar o advertir mis anchos hombros, mi mirada absoluta, mis pelotas de senador. Nada. Pasó a mi lado como si no hubiera pasado.
Calderón, o  Segismundo, no sé muy bien, estaban equivocados: la vida no es sueño, la vida es simplona, vulgar y deprimente. Intenté llamar la atención de Mrs. Morlock desnudándome completamente y moviéndome con la velocidad del frame cinematográfico, corriendo de acá para allá y siendo musculoso y filtrándome a los ojos del mundo en blanco y negro. Ella, si fuera normal y no vetusta, debería haberme visto como me vió el resto de Mercadona, tal que así:



Pero no, siguió ignorándome y mi baile trepidante, mi desnudo superdance, no fue nunca más ignorado que por esta mujer, en aqueĺ dia aciago, en Mercadona. Corrí, veloz, de un lado para otro, y del otro hacia el uno de nuevo, y bidireccionalmente me ignoraba Mrs. Morlock, y yo me quedé junto a los yogures, bífidamente, sin esperanza, sin azúcares añadidos y cero por ciento de materia grasa y aplastado bajo esa olímpica forma de ignorarme que tiene la vetusta Mrs. Morlock, cada día más hermosa, más enjundiosa y profunda, más sorprendentente en su aspecto y en su mensaje.

Y nada más: simplemente quería contar, prque me debo a mi profesión, que la vetusta Mrs. Morlock ha vuelto a entrar en escena y que cada vez que lo hace, me gusta más. A nadie debería sorprender la deriva que está tomando esto.









miércoles, mayo 28, 2014

Oración apresurada por la vieja de los gatos


(La Sierra Digital. Valdemorillo. Madrid, de nuestro corresponsal)

Lorna Cor, de 65 años, fue encontrada ayer muerta en su casa de la urbanización Lunaluna, en Valdemorillo. La señora Cor llevaba más de 72 horas muerta, según fuentes de la Guardia Civil, y el cadáver mostraba evidentes signos de mortificación y tortura antemortem, así como de profanación violenta postmortem. A la espera de la autopsia definitiva, lo que sí pudieron afirmar las mismas fuentes, es que la muerte sucedió en las más extrañas circunstancias. La señora Cor no tenía familiares en la comarca, y sus vecinos afirman que no tenía amigos conocidos y que llevaba años sin recibir a nadie en su casa. A nadie que no fueran los gatos callejeros que recogía incansablemente  y que, a lo largo de los años había reunido en su casa en número superior a la treintena.


(15 años antes)
Lorna Cor que andas sin saber a dónde vas,
sin ningún género de duda, sin trampa, sin cristal,
sabes cómo y por dónde susurrar para volver loco a un hombre.
Lorna a los 50 años, aún sexual y atractiva,
singular y  magnética, excéntrica y  decepcionante a ratos,
tu voz es húmeda como clítoris, tu sexo, verbalmente relevante
tu boca tiene un rictus de disgusto 
y tus pechos me están llamando a voces, no sé cómo no me he muerto.


Lorna, eterna Lorna, consciente sólo a medias 
del efecto que produces en los hombres que están de vuelta,
escuchando música y las burlas de los ignorantes,
paseando a tu perro enorme por el campo semiinfinito,
paseando de espaldas al mundo, de cara al futuro, al margen de los niños.

Recuerda la salida del colegio con carreras y adolescentes de sudor y pelusilla,
las bromas que te gastaban en grupo, insistentes,  estúpidas al teléfono
buscando un suspiro, el tuyo, munición almacenada
de las poluciones nocturnas de los granujillas en celo.

Y una vez en la que la noche y tú estábais llenas de estrellas,
cinco quintos de borrachera se llegan a tu rancho sin puertas ni murallas,
escondido un petardo en un trozo de carne curda y jugosa,
encendido, espera corta, ansia inocente y canina
y tu enorme y cariñoso perro se ha quedado sin cabeza.

Lorna de rodillas, sangrante su perro en su regazo,
mirando al cielo en un mar de lágrimas lloradas por nadie,
"maldita sea la ignorancia de los bestias, malditos hombres despreciables"
Lorna no entiende la cordura, Lorna es un brillo de otro mundo.




(15 años después)

 Lorna Cor, que escuchas tu música culta cada vez más alta
que no les das caramelos a los niños en Halloween,
que no te emborrachas ni en las fiestas patronales,
que no tienes amigos, ni siquiera de los malos.

Lorna Cor sin un euro en el bolsillo, sin una pizca de indignidad,
Lorna sin teléfono, sin miedo, sin sexo, sin destino,
Lorna Cor, toda ella un punto flaco, toda puro intestino
la mujer que nunca llora, la que nunca va en chándal.

Lorna Cor, ermitaña, pero hermosa, sin sujetador y axilas pobladas,
blanco de adolescentes a los que ignoras olímpicamente.
sin un perro al que pasear o al que volar la cabeza...
... Lorna Cor, alimentando a tus gatos sin nombre,
sin saber ni cómo ni cuándo te matarán.





(La Sierra Digital. Valdemorillo. Madrid, de nuestro corresponsal)
Los hechos crudos
Cuatro jóvenes de Valdemorillo, cuyas edades se encuentran entre los 26 y los 29 años, fueron detenidos ayer como sospechosos de ser los autores materiales de la muerte de Lorna Cor, conocida en Valdemorillo como "la vieja de los gatos". Fuentes de la Guardia Civil que prefieren mantenerse en el anonimato, han comentado off the record a este periodista que los adolescentes "cantaron la traviata" en cuanto los agentes les presionaron un poco. Al parecer, después de una noche de francachela en la que el alcohol y el cannabis tuvieron algo más que una presencia discreta, los 4 jóvenes se encontban en el disco-bar Ulyses de Valdemorillo y cuando cerró el bar decidieron "recordar viejos tiempos" y se dirigieron a atormentar a Lorna Cor, considerada desde hace años una vieja excéntrica y echada a perder, que vive al margen de la comunidad. Como cuando eran unos chavales y al salir de clase iban a tomar el pelo a la señorita Cor, se dirigieron a la vivienda de de ésta a las 4 de la madrugada. De camino a su casa, pasaron junto a la pescadería del pueblo y después de mirar en los contedores de basura, se llevaron restos de pescados varios con ellos "para darle más gracia al tema", según palabras de los mozos detenidos.
Antes de entrar en la casa, usaron los restos del pesacado semipodrido para "distraer a los gatos" y se divirtieron de lo lindo viendo cómo se volvían locos con el pescado. Con el camino despejado, entraron en la casa y, para su sorpresa, encontraron a Lorna Cor sentada ante el ordenador.
"No estaba asustada ni nada... o por lo menos, no lo demostraba, se hizo la chula e intentó ridiculizarnos" dijo uno de los jóvenes. "Nos trató como si siguiéramos en el colegio"
Al parecer, la señorita Cor mantenía la capacidad de poner nerviosos a los muchachos y a sus 65 años seguía reinando en los sueños masturbatorios de muchos jóvenes del pueblo. Lo desdichado de este asunto para ella es que cuatro mozos de pueblo borrachos como cubas, no son tan inocentes como los adolescentes que salen del colegio.
El joven que responde a las iniciales de FGB fue el que abrió el fuego acercándose a la mujer mientras hablaba y tumbándola de un fortísimo y seco puñetazo que le rompió un pómulo. Subieron a Lorna encima de la mesa de comedor, quizá insconciente, y la violaron por turnos, penetrándola vaginal y analmente. Restos de semen de los cuatro fueron encontrados en el maltrecho cadáver de Lorna Cor que, en algún momento mientras la penetraban contra su voluntad, dejó de respirar y murió.
Al finalizar, introdujeron en su boca, orificios nasales, oídos, vagina, ano y en sendas incisiones practicadas en los pechos, restos del pescado cogido de la basura de la pescadería y grabaron en videos en sus teléfonos cómo los gatos destrozaban el cuerpo de Lorna Cor para acceder a los, para ellos, exquisitos manjares del mar.
En su defensa, argumentaron "que no los compartimos en el facebook ni nada..."
Los cuatro jóvenes han sido puestos a disposición judicial y se ha decretado para los cuatro prisión incondicional sin fianza, a la espera de juicio.

Lorna Cor, la vieja de los gatos, ya no aguantará más bromas. Ni acumulará más gatos. Rezad por Lorna Cor. Ora pro Lornobis.






jueves, mayo 22, 2014

Fui presciente... y lo olvidé

En un tiempo pasado, claro, fui presciente de mi desmemoria futura. No sé cómo explicarte, oh, mi corazón sangrante, que nunca estuve seguro de que todo encajaría. "Todo saldrá bien", solía decirme frente al espejo y mi yo del otro lado escuchaba, con una malévola sonrisa, como si él, y sólo él, supiera, medio divertido, medio malvado, que nada se arreglaría porque sí, y que el caos sería la marca indeleble de mi caminar por la vida.

En un futuro cercano, seré, recuerda esto, olvidadizo. Y esto no será una novedad, pero sí sorprenderá a propios extraños, por cuanto todo el mundo espera siempre que "el tiempo lo cure todo" y a mí no me cura el despiste ni para fardar. Puedo olvidar... fuera, fuera, seamos sinceros: quiero olvidar todo lo que de ti me irrita y me enerva, quiero olvidar el daño que me hisciste y, huelga decirlo, el que te hice yo, y quiero que vuelvas a ser mi profesroa de física cuántica, mi inductora al baile de neuronas, mi instructora de piedras y tierras, mi artista preferida.


Te amé con mi amor botánico, pasión vegetal, con la asilvestrada impaciencia con la que desafía al mundo, cada año, la foresta salvaje. Como mi amor era presciente, supe que se marchitaría, como flor de temporada, pero creció con el ímpetu descarado de las malas hierbas en una parcela descuidada, la mía sin ir más lejos, invadiéndolo todo, verde y húmedo al principio, seco, amarillo y molesto en cuanto te cansaste de regarlo. Bueno, tampoco es que tengas que regarlo tú, pero si no te echo la culpa.... si no comparto contigo algo, aunque sea lo chungo, me da algo.

Y es esa mi condena. La presciencia, la maldita presciencia. La fatalidad que me hace conocer lo inevitable y que, precisamente por serlo, tengo que asumir desde el mismo nacimiento. Ando desnortado, afligido como un centrocampista con clase en un equipo de brega; mis compañeros esperan de mí que corra, y yo prefiero que corra el balón. Sé que ocurrirá y sin embargo, quisiera evitarlo, creo, precisamente por saber de su fatal destino, inevitable final, irrevocable condena.

Olvidé decirte, amor mío, que supe desde el principio de los tiempos que, llegado un día, ya no me querrías; que yo seguiría colgado de ti, diosa menor, mujer sublime, y que mi corazón roto, presciente, vegetal y futbolístico sería, otra vez, la constante en la ecuación vital de tu cuántico desprecio.

Supe de antemano, olvidé desde que soy capaz de recordar. Caprichoso destino, presciente final.