miércoles, septiembre 28, 2005

Te amo



Es sencillamente así.
Te amo con los cinco sentidos.

Te miro y se me derrite el alma. El gris escondido de tu cabello es el color más vivaz que mi imaginación puede evocar. El brillo de tu piel, el contorno de tu cuerpo fatigado por las noches, el perfil a contraluz de tus caderas, son los horizontes que yo anhelo contemplar.

Te oigo y se me disparan las sonrisas, enloquecidas, dichosas de poder enfocarte. Tu respiración por las noches, la forma que tienes de llamarme cuando quieres ayuda, tu saludo cuando me llamas por teléfono. Ese ruido que haces al gemir cuando, además de tu alma, me abres otras puertas y yo, que no soy un supermán, me vacío dentro.

Ese aroma dulzón y adulto de tu respiración cuando duermes, el que desprende tu piel cuando estás agotada, el de la puerta de la que antes hablábamos, el perfume de tus labios cuando besas, descuidada, y cuando te dejas besar. Acerco mi nariz a ti y hueles a mujer enamorada: todo huele a ti.

Y, si estás dormida, tu espalda desnuda es como un helado de cholocate y te pruebo de arriba abajo, y te saboreo tan dentro, que creo que mi lengua ya no puede probar nada más; y hoy sabes distinto de cómo sabías ayer; y mañana no sé a qué sabrás, tu sabrás, o quizá no: a lo mejor esas cosas sólo las percibo yo. Pero te como hambriento, te beso hambriento y toda tú alimentas mi espíritu, sacias mis ganas de amor, eres un pantagruélico festín de sentimientos enloquecidos. Siempre te quiero comer.

Y si te toco, ¡ay, niña si te toco…! Ay de mí si estando a menos de un metro no te puedo tocar. Necesito tu contacto, a todas horas, en cualquier circunstancia; ¡ay, de mí si no te puedo rozar! Tu piel es mi alimento, tus pies, mi sutento; tus hombros, son mi almohada, tus piernas, mi edredón; tu cintura es destino y tus caderas, mi horizonte; amo las palmas de tus manos traviesas y el tacto cálido de tu cuello. Beso tu vientre de arena y acaricio el fin perfecto y redondo de tu espalda. Tocarte es genial.

Pero eso es lo que eres, y yo te amo, más que por lo que eres, por lo que eres capaz de querer. Puedes querer mucho más que cualquiera que yo haya conocido, y esa es, tal vez, si tuviera que elegir una, la razón que explica este amor que te tengo. Un amor que parece ser inagotable, creciente y exponencial. Un amor sin límite que no puedo explicarme sin ti.

Gracias por hacer que pueda amarte así.

Y Felicidades.

Paisajes

La primera canción que le escribí a mi chica. Glosando la que era, entonces, su forzosa ausencia. Es una pieza que define muy bien mi forma de hacer música. Melodías pop, muchas guitarras y un evidente toque country. Me gustan mucho la letra, la línea de bajo y el solo de guitarra. Le falta, también, la armónica y le sobra sentimiento desesperado. A ver qué os parece. La cuelgo en honor de mi chica, Susana, que cumple años hoy. Te quiero, bitxarraka.

Castpost

Si no la oyes bien, bájatela desde aquí

martes, septiembre 27, 2005

El virus

By Wolffus Tribulete.
Piriodista incisivo, canino y voraz, digo, veraz.

Se trata de una epidemia feroz. Que afecta a algunos de los bloggers que yo más quiero y aprecio. La cosa empezó en verano.

La mayoría de nosotros, empezamos a remolonear y a adaptarnos a lo que Guisantilla, asaz acertadamente, llamaba “frecuencia marital de posteo”. Que si el verano, que si ojs, quécaló, que si la abuela fuma… total, que a algunos, a mí, les dio, incluso, por anunciar su retirada del bloggeril mundo.

Según entraba septiembre, la cosa empezaba, poco a poco, a normalizarse, yo volví con el rabo entre las piernas (que es donde lo he tenido siempre) y los demás fueron volviendo con mayor naturalidad. Íbamos colgando posts tan panchos y cogiendo el ritmillo.

A alguno, le cuesta y ha disminuido su frecuencia posteril, pero eso es normal: todos atravesamos rachas más prolijas y, de repente, levantamos el pie del acelerador y nos decimos: para, Julián, que esto no es una carrera…

Pero hete aquí que cuatro de mis más admirados bloggers no terminan de arrancar, aunque alguno de ellos, ha amagado. Se trata de mis queridos Dockoff, Yambra, Pickles, la bruja rural y Capitán Cerumen.

Este piriodista, al que bien conocéis, no para quieto, y ha hecho sus oportunas averiguaciones y trabajo de investigación, y ha encontrado un documento gráfico estremecedor. Este:

En la foto se observa horriblemente cómo el Mosquitus Voracis cercena la epidermis craneal de un hombre inteligente y Doc-to y le chupa sin piedad ni líbido, precisamente allí donde se alojan las ideas pa los posts(1).

Nuestro amigo, desconcertado al principio, no sabe bien a dónde mirar, pero el verse libre de ideas le proporciona una suave y agradable modorrilla, una sensación crepuscular intensa, ese momento tan adorable de cuando sabemos que nos vamos a dormir y nos importa un pijo… y se deja llevar.

El resultado es un mes de septiembre en el que los tres elementos masculinos de esta lista mía se han limitado a amagar, a hacernos creer que la vida seguía igual, para dejarnos con las ganas después. La bruja, directamente, ni aparece, pero ya saben como son las mujeres: achuchables.

Este piriodista no es de los que se quedan en la denuncia. Mi compromiso con la verdaz y con la sociedaz va más allá y he llegado a descubrir un antídoto contra esta vaguería bloggeril inexplicable. Parece ser que el agente causante de la vaguería es la vuelta de las vacaciones y la comprobación de que este mundo sigue igual de deprimente que cuando nos marchamos, pero encima, ahora, sin playita y sin tardes libres para tomar cervecitas, pasear o echar un casquete. Y he aquí el remedio:

Probadlo: el mundo se ve de una forma más optimista y simplona. Los problemas desaparecen sólo con proponerse, de buen rollito, que desaparezcan; y nada es más importante que un buen peinado y unas cejas bien contorneadas.

Probadlo, por favor. Se os echa de menos.

(1) No, hombre, no, no es en la polla.

lunes, septiembre 26, 2005

Un tirito de rhythm and blues para empezar la semana.



Gracias a mi muy querida
Guisantilla, La Princesa del Guisante, he descubierto que eso del podcast es casi tan sencillo como esto de abrir un blog. Ella lo inauguró con un tema realmente delirante. Merece, sin duda un lugar destacado entre los tótems del rock-lerele-bizarro.

Yo, que no poseo ese talento natural para seleccionar canciones decisivas para el devenir de la historia del arte pero, a cambio, soy sobradamente egocéntrico, inauguro el mío con algo igualmente infame, pero por razones distintas.

Mi yo exhibicionista me va a hacer exponer, semana a semana, mi no-saber hacer musical en esta dirección. Y, para rematar el asunto, explico, brevemente (peroratas reducidads) las circunstancias en que fue ideada, creada o grabada la canción.

(aquí iba una imagen, pero no hay manera de que salga)

Inauguro WolffoMusic con una canción a la que tengo especial cariño, titulada El ritmo del sol, que habla de eso, de lo distinto que es el ritmillo de la vida en cuanto te alejas de la city.

No vomitéis, por favor. Buena semana.


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Si no lo escuchas bien, bájate la canción desde aquí.

El ritmo del sol
Bueno, a ver si soy capaz de explicarlo. Es una maqueta casera de un tema mío, no le busques más explicación. Es así de malo. Se trata de una dosis de rhythm and blues en estado puro que explica muchas de las cosas que sentí cuando decidí dejar Madrid y venirme a vivir al campo. Si la volviera a grabar hoy, seguramente le añadiría una armónica y le pediría a mi maestro Arturo que tocase como sólo el sabe la slide guitar. La grabación, por cierto es infame, pero es todo lo que fui capaz de hacer en casa con el ordenador y mis limitaciones como instrumentista. A ver si os gusta. (nota: valen incluso los insultos, eso sí, con una dirección donde pueda devolverlos)



viernes, septiembre 23, 2005

Cambio de planes

Lo de mañana se ha fastidiated (fastidiado). No creo que hubiera movimientos de masas hacia Herencia, pero si a alguien se le había pasado por la cabeza...
Lo de la Cañada sigue en pie.

Buen finde. Eso no se ha anulado.


miércoles, septiembre 21, 2005

Bruno's Story

Bruno es de origen ingles. Sin acento, que hablo de los sobaquillos de las piernas, esos rincones escondidos, aromáticos y sudorosos que llamamos las ingles.


Porque Bruno, antes que barman, fue ingle. Es lo que comúnmente conocemos como un oscuro pasado. De acuerdo, sería más oscuro si en vez de haber sido ingle, Bruno hubiera sido hemorroide (como, por ejemplo, Jorge Javier Vázquez, como puede comprobarse en la Fig. 1), pero no fue hemorroide, sino ingle.

Como ingle, Bruno no fue especialmente destacable, fue una ingle mediocre y despreciable, del montón, una de esas ingles que pasan sin pena ni gloria por el mundo sin que a nadie le apetezca nunca ni siquiera verlas. Por poner un ejemplo, como las ingles de Jordi Hurtado, de las cuales no se tiene ninguna noticia. Y espero que esto siga así por muchos años.

Después de ingle, Bruno cursó estudios de ciencias políticas, intentando aprovechar la inercia de su experiencia como ingle, como se sabe, una gran plataforma para la política, ahí tienen ustedes a Anguita o a Rubalcaba, ambos de notorio pasado inguinal. Ingresó, terminados los estudios, en el Partido Oneroso del Pueblo Español (POPE), de donde le expulsaron sin miramientos tras un desgraciado episodio en el que, colgado de pope, sedujo a la hija del pope del Pope, disfrazado de Popeye. De esa época, conserva Bruno el tatuaje de una sirena travesti que se muerde la cola(1) en esforzado escorzo. El sueño de todo hombre. De su paso por la política conserva, asimismo, una gran amistad con Ánsar (traducción: tiene una foto firmada) y la convicción de que los políticos no tienen pilila.

Bruno probó suerte como aviador, pero la suerte le fue esquiva: cuando hubo eyectado del quinto reactor que estrellaba y, una vez en tierra, un guardia civil especialmente quisquilloso le pidió el carné. A pesar de sus esfuerzos por disimular (hizo un baile ritual de bienvenida de esos que ofrece Ibarretxe y le quedó muy bien), por cambiar de tema… nada. El picoleto (¿picoletto?) insistió en que le mostrara el carné de aviones y ahí terminó su carrera como destrozareactores.

Al fin, se hizo Barman. Ganó unas oposiciones en su ayuntamiento (Stratford upon Avon, provincia de Logroño) y se hizo con el puesto entre los vítores de concejales y munícipes venidos de todo el mundo para celebrar la cosa. En la recepción posterior a la erección de Bruno como barman municipal, los munícipes del mundo entonaron madrigales y mearon todas las esquinas, demostrando que efectivamente, el poder municipal es el más cercano al ciudadano.

Un día, mientras preparaba un misto de los que años más tarde le harían fasmoso(2), entró en el bar del ayuntamiento un hombre de la ciudá, de unos 60 años, de grandes orejas desabrochadas, bolsas oscuras bajo los ojos inyectados en mierda y una imponente nariz ganchuda y le dijo: oiga, tiene usted unos ojos preciosos.

No puedo decir lo mismo, francamente, caballero, fue la respuesta de Bruno, pero no se moleste, es que usted, más que feo, tiene un rostro muy desafortunado.

Surgió entre ambos una estrecha y sincera amistad. El hombre de la ciudá se presentó como Jennifer, aunque su nombre verdadero era Cosme Mariano, con lo que todos nos explicamos el cambio. Bruno se presentó como Bruno, dando muestras de sinceridad y falta de imaginación a partes iguales.

Jennifer ofreció curro a Bruno en su bar de la ciudá, que se llamaba La Cueva de Jennifer y que era un antro de dudosa fama. Es un bar de ambiente, dijo Jennifer, ¿qué clase de ambiente? Preguntó Bruno, un gran ambiente, dijo Jennifer y Bruno aceptó y viajó a Madrid y cambió el ambiente y la decoración del sitio, dejando como homenaje a un antiguo amigo, el Okapi Verde, un ventanal en forma de pene erecto, y cambió el nombre del sitio, y se hizo con el control de la plancha, la barra y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin.

Jennifer se enamoró de Bruno desde el primer momento y vivió su amor en silencio por todos los tiempos. Bruno sintió repugnancia por Jennifer desde el segundo momento (en el primer momento estaba ocupado con el misto y no se fijó en el pésimo aspecto del viejo) y vivó su repugnancia en silencio excepto aquel día en que ambos estaban borrachos, y Jennifer se puso cariñoso y empezó a comerle la oreja y Bruno le vomitó encima. Después de haber pringao al viejo le dijo en perfecto castellano:

- No me había dado cuenta, colega, pero me das asco.

Jennifer se dedicó a pasear por la ciudad, se olvidó del bar y de Bruno y se puso pesadísimo, pero que sea otro el que lo cuente que yo no tengo ganas. Una vez le vi cuando iba a comprar el pan. Le hice una foto, porque no me creía lo que estaba viendo.

La primera vez que yo fui a Bruno’s fue persiguiendo a una mujer cuya espiritualidad (culo) me atrajo desde el primer momento. Se metió en el bar y yo la seguí. Era bailarina. Su número era infame. Pero tenía un culo (espiritualidad) magnífico. Bruno me caló desde el primer momento. Mi adicción a la Fanta se la debo a él, menudo imbécil.

Con los años, Bruno ha desarrollado una cualidad pelmaza tremenda, es un auténtico plasta, un pesado insoportable, al que todos, cariñosamente, damos la espalda en cuanto empieza a hablar, cosa que él acepta con una benevolente sonrisa. Bruno’s es como París: un sitio perfecto para experimentar con la bomba de neutrones, esa que mata a la gente pero respeta los edificios. Porque el bar está bien, pero tanto él como Gerarda, la bailarina obesa y Pánfilus, el tonto del camarero que se saca los mocos y poco más, son absolutamente prescindibles.

Y creo que ya basta por hoy. Lo digo por si acaso.


(1) Cola: trabucco.

(2) Fasmoso: fastuosamente famoso

martes, septiembre 20, 2005

Prefiero un misto

Ella no se detiene cuando llega al aeropuerto.

Anda como si tuviera el viento en contra, pero no ha salido de la terminal. Lleva gafas ahumadas que le tapan media cara, el cuello de su blazer (blazer, ¡qué palabra! ¿qué prenda será exactamente?) subido y pinchándose con la barbilla en el esternón, no sé muy bien con qué objeto.

Se acerca a las puertas corredizas de cristal con paso decidido. Anda que si no se abren, menudo papelón… Lo cierto es que parece una famosa huyendo de los paparazzi, salvo por el detalle de que no hay paparazzi. Sigue avanzando y las puertas… se abren, menos mal, que si no, ridícula llegada al aeropuerto de Madrid-Barajas.

Se sube a mi taxis. Mi madre me dice que no se dice taxis, si hablas de uno solo, que se dice taxi y que se pronuncia tacsi, no tasis. Como yo le digo: ¡Qué sabrás tú, madre, de la vida, con lo vieja que eres…!

- Al palas – dice.

Tengo un Toledo trucao que no veas cómo corre. Bien, ella, la que se cree bella, la que se ve como una estrella, está detrás, y yo miro por el retrovisor cómo se quita las gafas de sol y queda con los ojos abiertos y los muslos cruzados. Menos mal. No sé qué hubiera pasado si abre los muslos y cruza los ojos.
- Debe doler lo de cruzar los ojos- digo en voz alta, no sé muy bien porqué. Los tasistas somos así, miramos por el retro y decimos cosas. Y no esperamos que nos contesten, no hay porqué contestar. “¡Siga a ese coche!” es la frase que me gustaría que ella hubiera dicho, pero no, lo que me dice es:

- ¿Perdón…? – dice ella sin que yo sepa muy bien porqué se disculpa y porqué lo hace en tono interrogativo

Lo de abrir los muslos debe estar genial. Para mí, ahora hablo de mí. Hablo de mí, pero refiriéndome a genial para mí, pero siendo ella la que abre los muslos, claro, yo, como buen macho español, estoy continuamente con los muslos abiertos pa que lo que me cuelga no se agobie. Bien dotao que está uno. Como decía esa bella canción:

“En todas las tiendas, me decían, ¡Vete!,

no hay pantalones para tanto paquete”

Es un buen pensamiento, así que decido compartirlo con mi cliente, no soy egoísta, cuando me pasa algo bueno, lo comparto con mis semejantes

- ¿Sabe? – le digo sin dejar de mirar hacia delante, pero echando furtivas miraditas al retro – yo es que tengo unos testículos bastante principales – no he dicho “cojones grandes” en atención a sus muslos cruzados.

- ¿Ah, sí…? No me diga… - dice ella.

- Vale, pues no le digo- concluyo.

Ha sido una conversación interesante, aunque a ella no parece entusiasmarle hablar de mis genitales, así que pongo cara de ofendido y me limito a conducir. Al rato me doy cuenta de que ella está detrás de mí, así que no puede ver mi cara de ofendido. De modo que me quito esa cara de idiota que estaba poniendo y empiezo a conducir con pescuezo de ofendido, porque ella la cara no, pero el pescuezo tiene que verlo, no me jodas.

- Cariño… - dice ella, muy bajito, como si le diera miedo de que la oyeran en la central de radiotasis…- no te enfades, yo sólo tengo ganas de abrazarte… - ¡glups! me está poniendo malo – … todo, todo, quítatelo todo menos el reloj…

- Bueno, tendrá que esperar que aparque… - digo yo mirando por el retrovisor. Y es entonces, sólo entonces, cuando caigo en la cuenta de que no habla conmigo, que está hablando por teléfono.

Depresión.
Soy gilipollas.

La dejo en el Palas, y me meto, por la calle de detrás, según se coge a mano derecha, pero sin pasarse, en Bruno’s, un local precioso, con chicas y todo. Me derrumbo en mi mesa, junto al ventanal, el sitio que Bruno sabe que es mi sitio y hablo sin mirar.

- Hola Bruno, un fanta…

Y Bruno, barman experto, curtido, que sabe lo que debe decirle a un hombre destrozado, se acoda en la barra y me dice:

- ¿Con yelos y pajita?

Yo le miro a los ojos, y viendo su mirada limpia, cansada, sincera, asiento con vehemencia. Me pone mi trago con yelos y pajita y me pregunta melancólicamente:

- ¿Pa comer quiés almondiguillas?

Era un momento crucial en nuestras vidas. El ambiente, era perfecto. El pianista, ajeno a todo, borracho, calvo, estropeaba la escena con una infecta y artrítica interpretación de lo peor de Mecano. La bailarina obesa se cortaba las uñas de los pies al otro lado de la barra, distribuyendo fragmentos voladores de uña por entre las distintas bandejas de frutos secos. El camarero bizco, se sacaba un moco mirando al infinito. Toda la escena invitaba a vomitar. Y yo, enjuto, vibrante, resumiendo en una frase mi conocimiento del mundo, le respondo, sin vacilar:

- Prefiero un misto.

The End

sábado, septiembre 17, 2005

Johnny Ruk, un hijoputa con alas

Con el permiso de Buch1965, abordo hoy un tema que tiene atemorizada a la pelmaza comunidad ecologista, que no se explica que, finalmente, salgan a la luz ciertos datos que ellos quisieran mantener en la oscuridad.


Todos tenemos una imagen bucólica y feliz de los pajaritos (hasta Hitchcock, y por eso hizo la peli) y los jipis suelen ponerse muy pelmazos si una gaviota se rompe una uña o si un niño, legítimamente enfadado por que le han intentado robar sus palomitas, ahuyenta una paloma del Retiro, que es un sitio con árboles, títeres, patinadores y cagadas de perro que hay en Barcelona, me parece.

Queridos jipis, sé que tembláis ante lo que voy a revelar, pero no me tiembla al pulso al escribir, con dedos firmes y el culo bien encajado en el asiento de mi silla. Sé que muchos de vosotros no os atreveréis a salir a la calle la próxima semana.

Pero voy a decirlo.

Hay un pájaro que es un hijoputa.

Sí señor. Un cabrón con pintas, un melón malvado, un capullazo, un maldito nomelopuedodecreer. Un mal bicho, sí.

Se llama Johnny Ruk. Y tiene muy mala pinta. Asín:

Observad la expresión mezquina de sus ojos. La estrechez de su ano, notad el hedor que despiden sus negras axilas y el desagradable sonido de su constante eructar. Pero no vamos a centrarnos en estos aspectos superficiales y vamos a entrar en lo que el professor Wolffgang Pelmazus, llama la pinta psicológica.

Los Johnny Ruk van y se casan, ¿no?, en eso (y en muchas otras cosas, como veremos) son como los humanos y, también, como los españoles: una forma cómoda de acostarse con alguien sin tener que cortejar y todo lo demás. O sea, un pájaro bobo. Los Johnny Ruk echan unos casquetes y zas, huevo al canto. Nace un Johnny Rukito que, como todos los puñeteros pájaros, es voraz y pelmazo, no es nada original en eso.

Los padres, pues, han de salir a buscar papeo pal pollo, como los humanos. Y no comen gusanitos, no: comen pingüinos, elefantes marinos y cosas de esas. Carroña, también, creo. O sea, unos guarros. Los tipos, que viven en la Malvinas y por esos sitios, sobrevuelan las colonias de focas y pingüinos y rinocerontes y tal, y localizan al típico pingüino pringao: el que tiene una heridita, el que está jodidito… en ese plan. Los muy capullos tienen como un radar para detectar al pringao. Se acercan y empiezan a hacerle la vida imposible al bicho. Que si te pincho el culo, un picotacito en la herida, te pico un ojo… hasta que palma el bicho. Y se ponen a zampar. Asín:

Pésimos modales en la mesa, como se aprecia en la fotografía, como muchos humanos, también. Aparte de esto, hacen, inflándole a hipopótamos, que el polluelo cabrón crezca como un bigardo sin otro interés en la vida. Pronto adquiere el mismo tamaño que los padres. Pronto empieza a volar… y pronto se da cuenta de lo cruel que es la vida.

Le echan los padres. Pero le echan a hostias. Con una crueldad tremenda. El adolescente Johnny Ruk es el único adolescente del mundo que realmente tiene razones para deprimirse. Sus padres le engordan como a una oca para paté y luego le dan boleto a picotazos. En esto no se parecen a los humanos, sin en cambio.

Desorientado, el jovenzuelo se acerca a los pingüinos, que deben saber que no es más que un puto principiante y éstos le zurran también. Pero es que, además, si se acercan unos Johnny Ruk adultos por ahí, les pegan la paliza del siglo.

Arrojado de todos sitios, el Johnny Ruk adolescente va de piedra en piedra buscando a alguien que no tenga cara de darle dos leches: encuentra a pocos. Todos parecen querer zurrar a ese pájaro que, de mayor, va a ser un enemigo duro de pelar. Al final, dios los cría y ellos se juntan. Los Johnny Ruk adolescentes se organizan en bandas juveniles que son temibles.

Todo lo cretinos que parecen por separado, se vuelve criminal eficacia cuando la banda actúa. Son como macarras de película. Como humanos. Van sembrando el terror en grupos de 15 a 20 individuos, por el puro placer de aterrorizar. Que sí, jipis, que son unos cabrones. Matan mucho más de lo que comen y están continuamente haciendo brabuconadas, os suena, ¿no?

Son pájaros malvados, te guste o no, querido fumaporros trompetero. Y, si no te lo crees, busca Los Diablos Voladores, una película de mis amigos Mark Smith y Jane Watson.

Y aquí termina, porque es la una y cuarto y porque este genial piriodista no tiene más datos, este apasionante post.

Ganas de dormir, que dice el otro, oyes.

Menudo pájaro, el Johnny Ruk

Bibliografía:
Aquí unos enlaces inútiles, pero que casan con el espíritu del post.

Gatos capullos.
Hormigas desalmadas.

La de Buch

miércoles, septiembre 14, 2005

Frío (un relato sin gracia)

Al bueno del Wolffaryas empezó, de repente, a complicársele la existencia. Una existencia, por otra parte, ni demasiado brillante ni demasiado gris, pero con la certeza de los sobresaltos necesarios para no creerse demasiado poca cosa.






Lo malo de su vida era su incomprensión, y sus reflexiones eran una omnipresente nota a pie de página, tratando de encontrar explicaciones, siempre insuficientes y siempre farragosas, que al final se traducían en una concepción innecesariamente explícita de su caminar por este mundo tan a ratos repugnante.

No tenía la llave, pero le hacía ilusión creerse el hombre imposible y gustaba de perder sus ojos de mandarina en el cuarto de los huéspedes, a oscuras, sin encender la luz, para encontrar por sorpresa el destello cándido de la voz de su amiga, y arroparlo con sus labios. Besar la paz.

Pensamientos improbables y sueños magníficos se repartían al cincuenta por ciento el tiempo de su huida interior y vivía a ráfagas. Ráfagas de amargura barridas por vientos de sonrisa; "Ahí está la clave", le decía Minnie, su consejera maldita, "déjate llevar, no pienses en nada eterno, que no lo encontrarás; hoy estoy de buen humor y no quiero atormentarte, me gustaría que recogieras mis consejos, incluidos los datos enfermos, en tu despensa de dudas; querría verte sonreir".

Y animado por la contradicción, salía al encuentro de la vida, cada mañana, pensando en qué encontraría; poco importa lo que el mundo le depare, porque otra vez se busca en el cuarto de los huéspedes, pero ahora a pleno sol, y se da cuenta de que hay algo suave, muy suave y muy fuerte, en las maneras de su pausada amiga que a Wolffaryas le gustaría acariciar. Caricias de paz.

Ahora te diré algo que a Wolffaryas le gusta repetir. Es como su oración privada, un rito mágico que se repite una y otra vez en el centro geométrico de su alma, por mucho que alma y geometría parezcan tan opuestos. Dice así:

Me gusta gritarte en voz baja,

y ver que siempre me escuchas sola,

clavarte mis dudas en las sienes

y esperar de ti que no cantes nunca;

la música está en tu silencio

y, a veces, en la planta que crece vigorosa

dentro de ti, niña mimosa,

déjame que te cuente un cuento.

Será un cuento lento, glorioso,

lleno de sangre y de espinas rojas

(porque del dolor nace el cielo

y del cielo nacerán los besos

que querrán matarnos sin proponérselo),

y ya no te perderé de vista.

Mírame.

Búscame con ojos suaves.

Quizá me encuentres de cara a la pared,

piernas tersas, manos de madera,

sujetando la victoria con gesto firme

y soñando con decirte:

Buenas noches, rana.

Buenas noches, siempre.

(- Bueno, yo no entiendo del todo lo que quiere decir, pero creo que te busca. Ten cuidado. Al fin y al cabo, es un hombre y te echa de menos - se atreve a apuntar Minnie.)

(--------------------------Te echo de menos--------------------------)


martes, septiembre 13, 2005

El chou deve continuar.

El pasado sábado, dentro de la gira Wolffo World Tour 2005, El Ciclón de Valdemorillo se hizo presente en Segurilla, una pujante población toledana, donde participó, con sus trinos, y entre la indiferencia de los invitados y de los mismos novios, en la boda de Manuel y Montse.

Pero lo realmente importante, lo que quería contaros hoy es el nacimiento de una nueva estrella en mi firmamento. Se trata de un profesional de la boda y el bautizo, un crooner con boina, un hombre de hoy y un artista de los pies a la cabeza. Hablo de Alhambra, La voz en directo, un artista total, un hombre del renacimiento, que se dedica a amenizar bodas, bautizos y todo lo demás con su música incomparable.

En la boda éramos dos los artistas invitados (yo en el cóctel, él en el banquete y el baile), lo que provocó el nerviosismo de Alhambra, que veía, quizás, amenazada su primacía en la zona. Su nerviosismo debió agrandarse cuando apreció, en toda su extensión, mi perfecta arquitectura ósea, la sinceridad de mi mirada verde-azulada, y la irresistible oleada sexual que despierta mi presencia en cualquier ámbito. Su nerviosismo era comprensible: él vive de esto, y no iba a venir un advenedizo de Valdemorillo a joderle el plan a él, Alhambra, La Voz en Directo, el rey de los banquetes en la zona de Talavera de la Reina.

No obstante, se acercó a mí antes de que empezara, y con cordialidad gremial, me preguntó un par de cosas. Y debió tranquilizarle mi el hecho de que yo no llevara orquestación grabada y que me limitara cantar y a tañer mi querida Bluessy. Eso me descartaba para los bailes. Y para hacerle competencia en la zona. Empezó a mirarme con otros ojos.

Mi actuación, para qué negarlo, pasó sin pena ni gloria, y rápidamente, todo el mundo pasó al salón principal a mover la mandíbula. Y ahí descubrimos porqué Alhambra, La Voz en Directo, es el rey en la comarca en todo tipo de celebraciones. Entre plato y plato, un trance que se alargaba entre 40 y 50 minutos, Alhambra nos torturaba en la espera con temas como La española cuando besa, Bailar pegados, Porrompompero, Achilipú… un muestrario de lo más infecto de la historia musical internacional, pues se atrevía con canciones inmortales como Gos (El fantasma), que es la que algunos pedantes conocemos como Unchained melody. Este es Alhambra, La Voz en Directo, en pleno esfuerzo musical.


En cuanto pude, claro, me levanté de la mesa y fui a hacerle una visitilla y le pregunté si tenía una tarjeta. Nunca imaginé que me daría algo tan jugoso como esto:



Alhambra, La Voz en directo, es un crack. Esta tarjeta da por sí sola para un post, para hacer miles de comentarios pero, francamente, se comenta sola. Me limito a copiar el texto, que es sublime, del reverso de su tarjeta:

LALHAMBRA

LA Voz en directo

les ofrece musica del ayer, musica de hoy y de siempre la musica que no deve faltar en su RESTAURANTE,HOTELES y en cualquier fiesta,combenciones, cenas de empresa, bodas, despedidas y en toda clasede celebraciones

RECUERDE

ALHAMBRA La Voz en directo

Genial, ¿verdad?

He ocultado su teléfono, pero si alguien, a la vista de este post, quiere que Alhambra, La Voz en Directo, vaya a su boda, combenciones o lo que sea, me he convertido en su representante.

Y esto es lo que, al fin, me va a permitir vivir como un pachá.